Caso clínico – Manejo paliativo.
Se trata de una paciente femenina de 53 años de edad con diagnóstico previo de carcinoma escamoso de cuello uterino estadio IV-B con metástasis a epiplón e hígado que ingresa al Instituto Oncológico Nacional para manejo de progresión de su enfermedad, en este momento fuera de tratamiento curativo.
El cuadro sindrómico de la paciente inicia el año 2008 cuando acude al Complejo Hospitalario Metropolitano de la CSS por cuadro de 6 días de evolución de vómitos biliosos, distensión abdominal y estreñimiento. Es valorada inicialmente por el servicio de cirugía general quienes realizan laparotomía y colonostomía por obstrucción intestinal lo cual en el momento alivia su cuadro incapacitante pero los cirujanos encuentran además, siembras tumorales en epiplón.
Me resulta importantísimo señalar en este momento un evento relevante para la discusión ética de este caso. Antes de ingresar al hospital por la obstrucción intestinal, la paciente YA sabe que padece de un CA de cuello que según relata “se lo diagnosticaron otros médicos pero ella nunca quiso recibir tratamiento”.
La paciente, luego de enorme insistencia por sus hijas, accede a recibir tratamiento en el Instituto Oncológico con radioterapia y quimioterapia a finales del año 2008. La paciente toleró sin mayor toxicidad residual la terapia pero una vez culminada, la paciente no regresó a sus citas control.
Durante mi rotación de ginecología en el Instituto Oncológico en noviembre del presente año, la paciente regresa, también luego de la insistencia de sus hijas, por una masa exofítica en labio mayor izquierdo que compromete además la totalidad de la mucosa vaginal lo cual resulta ser una metástasis vulvar de la lesión previa. Se le realiza entonces, por el dolor y el sangrado constante, resección amplia de vulva con sutura del colgajo y manejo paliativo del dolor.
Al conversar con la paciente también me comenta que ella tenía conocimiento de una prueba citológica de Papanicolaou de hace 4 años, que era sugestivo de malignidad pero que ella no quiso buscar tratamiento. La paciente no dio mayores explicaciones del porque se negó al manejo médico asumiendo una actitud reacia al diálogo.
En el momento que me entero del caso y estudio su historia, me pasaron muchas cosas por la mente y me fue imposible evitar una mezcla de sentimientos por la evolución del mismo. ¿Cómo esta persona con una educación universitaria, de sólo 53 años (49 en el momento del posible diagnóstico inicial), con familia, puede dejar que la enfermedad progrese sin siquiera intentar por si misma hacer algo al respecto? Confieso que me sentí molesto con la situación ya que no entiendo cómo se puede dejar escapar la vida y no intentar siquiera evaluar las opciones terapéuticas iníciales que se le pudieron haber brindado. Luego de un tiempo de reflexión consideré que no es prudente de mi parte juzgar sin mayor información el proceder de la paciente, ya que no cuento con un relato completo de su condición y diario vivir y sólo conozco lo que los expedientes registran de su condición de salud. Aunque intenté lograr algo de información, la paciente no mostró mayor interés en contar el cómo ocurrieron las cosas.
Aprovecho entonces esta oportunidad para centrar mis ideas en los principios bioéticos en los cuales debemos basarnos como trabajadores de la salud frente a la situación de brindar una atención paliativa, independientemente si el paciente cooperó o no con su situación, o en qué grado lo hizo. No podemos olvidar en ningún momento que el paciente goza de autonomía que es el respeto a las personas que “incorpora almenos dos convicciones éticas: primera, que los individuos deberían ser tratados como seres autónomos, y segunda, que las personas cuya autonomía está disminuida deben ser objeto de protección”. Esto es muy importante y se refleja en algo que comenté pasadas unas líneas, y que es el no juzgar a priori el proceder del paciente y respetar las decisiones que como ser autónomo optó, sin olvidar sin embargo que nuestra profesión implica mucha educación con respecto a la condición de paciente que puede tener un efecto enorme en su toma de decisiones por lo que debemos guiar al paciente respetándole en todo momento su derecho a elegir.
En cuanto los principios de Beneficencia, no-maleficencia y Justicia. Se entiende como una obligación del médico, explícito en dos reglas: el principio hipocrático de no-maleficencia (neminem laede, no dañes a nadie), y la obligación de “extremar los posibles beneficios y minimizar los posibles riesgos”. Opino que si el médico brinda todo lo que en sus manos está, y no deja al olvido al paciente, procurando el mayor bienestar posible incluso dentro de los últimos momentos de vida pues el balance de hechos será mayormente positivo. En este caso, independiente a los motivos que propiciarán tal avance de la enfermedad sin tratamiento, procurar el menor sufrimiento para la persona. Todo esto sin olvidar el principio de Justicia y garantizar unos niveles elementales de asistencia sanitaria a toda la población, para atender sus necesidades primarias de salud para poder brindar cuidados a todo el que lo necesite, sin sesgos.