Mgtra. Alcira Tejada
Profesora titular. Facultad de Enfermería.
Es frecuente, que los estudiantes de ciencias de la salud, estén familiarizados de una u otra forma con la Geriatría. Si recuerdan las imágenes de las salas y servicios de urgencia, donde el tiempo es un problema para la buena práctica de la salud y la mayoría de los servicios están saturados, se darán cuenta que cada vez son más los pacientes mayores de 65 años. Lamentablemente el envejecimiento es considerado como algo indeseable, perdiendo de vista, que también muchos llegaremos a esta parte del ciclo de la vida.
El panorama de un servicio de salud en un país desarrollado, diariamente presenta 150 fracturas osteoporóticas, 34 fracturas de cadera, 43 muertes cardiovasculares, 10 muertes cerebrovasculares y 21 mujeres de avanzada edad son diagnosticadas con cáncer de mama. En Panamá estas condiciones no están distantes.
No podemos caer en el error de equiparar los términos vejez y enfermedad, aunque estén relacionados ya que la edad avanzada favorece el padecimiento de enfermedades sobre todo degenerativas, pero no todas las personas mayores están afectadas.
Por otra parte, el desconocido proceso biológico del envejecimiento, la fisiopatología de las personas frágiles, habilidades en anamnesis, exploración física, prescribir y demás tareas, apenas son útiles si no se conoce ampliamente el fenómeno en todas sus vertientes; siendo la evaluación geriátrica compleja y la sintomatología no sólo atribuidas al envejecimiento.
La mayoría de los estudiantes, cuando se introducen en las prácticas clínicas, poseen conocimientos recientes de anatomía, fisiología y farmacología, siendo probable que el primer contacto sea con personas mayores; una gran responsabilidad que enfrentan en sus primeras experiencias, donde la problemática se acompaña de múltiples patologías y plurifarmacia.
La persona adulta mayor padece más enfermedades, es vulnerable, los mecanismos de defensa son limitados, su reserva fisiológica es menor, los padecimientos se implican unos sobre otros en mayor medida que en otras edades; se manifiestan y diagnostican en muchas ocasiones de otra forma y tienen mayor implicación social. El que los atienda sea o no un especialista en Geriatría debe estar obligado a verlo de manera integral y, en la medida de lo posible, por un equipo interdisciplinario.
Hay que tomar en cuenta, que el envejecimiento produce en el organismo atrofia de todos los órganos y tejidos, al igual que disminución de la capacidad funcional. Siendo sus condiciones cargadas de valoraciones que van en detrimento de la respuesta adaptativa, independencia total y comunes en estas personas: palidez, manchas, flacidez, arrugas, deshidratación, encorvamiento, rigidez, disminución de velocidad, dificultades, menor respuesta a estímulos, degeneración y así sucesivamente.
Dentro de todo, se pierde de vista que deben tratarse como seres únicos, integrantes de un grupo familiar, muchos sólos, maltratados o no, que necesitan dar y recibir afecto y muchas veces las condiciones hacen que busquen ayuda. Considérese que tienen su propia historia, un pasado acumulado, provienen de un medio socioeconómico, experiencias buenas y malas, motivación en los entornos, estilos de vida variados, energías o no para vivir y en muchos casos con una enfermedad que provoca la necesidad de depender de alguna persona o de un apoyo social.
Algunas de las condiciones que compartimos a continuación, en ocasiones son motivos de intervenciones, que no consideran las características de las personas adultas mayores y sus implicaciones y son:
• El Dolor: este hallazgo puede ser desproporcionado a la causa. Muchas veces lo utilizan para llamar la atención y esto hace que sea más exagerado cuando se quejan de padecerlo. Hay que prestarle atención, ya que nunca se sabe. Esta condición puede no tener base orgánica, puede ser de origen depresivo o por aislamiento social.
• La Inmovilidad forzada: esta puede ser por enfermedades respiratorias o cardiacas, ECV con hemiparesia, hemiplejía, amputaciones etc. Algunas enfermedades tienden hacia la incapacidad y la evolución a la cronicidad. Entre las recomendaciones están, el mantener al máximo posible la independencia, no potenciar los déficits, sino lo que puede hacer sólo: comer, bañarse, vestirse, etc. Hay actividades que tan sólo hay que proporcionarle el material y dejarlo que participe de su autocuidado.
• Síndrome Confusional Agudo o Delirium: una de las singularidades en las personas adultas mayores, es lo atípico de la presentación de las enfermedades. Esta condición en particular, tiene causas muy variadas y desde el punto de vista económico un gran impacto pues los que lo sufren, ven prolongada su hospitalización. Si el profesional de salud no está atento a su diagnóstico puede conducir a un cuadro de tratamiento inadecuado e incremento de la enfermedad
• La violencia producto de la cultura gerontofóbica: se hace de modo cotidiano, en todos los espacios y escenarios sociales y no solamente la familia, como habitualmente se cree. De modo particular es preciso analizar que sucede en los establecimientos públicos de todo tipo y de manera especial en el sector salud.
Por todo lo anterior y más, resulta necesario que los currículos universitarios incorporen conocimientos, habilidades y actitudes positivas que requieren los futuros profesionales, para el abordaje de las personas adultas mayores, tomando en cuenta contenidos gerontológicos, geriátricos y de derechos humanos.
Los planificadores de la educación superior, el personal profesional de salud y otros actores necesarios, podrían mejorar las condiciones de salud y el entorno, valorar en qué forma se pueden modernizar los distintos servicios y apoyos sociales que se les brindan y no dejar de lado a quienes contribuyeron y engrandecieron familias, comunidades y a la nación panameña; porque toda persona debe continuar, aún con el paso de los años, ejerciendo sus derechos, deberes y libertades.
Bibliografía.
1. Rodríguez Rosalia García y Guillermo Lazcano Botello. (2007) Práctica de la Geriatría. Segunda Edición. Mc Graw-Hill. México,.
2. Millán C, José Carlos. (2006) Principios de Geriatría y Gerontología. Mc Graw-Hill- Intermericana. España
3. Rivera Casado JM y AJ Cruz Lentoft Uriach. (1997). Geriatría en Atención Primaria. Segunda edición. Barcelona
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